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Hemorroides: el secreto vergonzante

Las hemorroides son una de las afecciones más comunes en el mundo occidental. Afectan principalmente a adultos de entre 25 y 60 años, algo más a varones que a mujeres, posiblemente en una proporción de 2 a 1, y, aunque la frecuencia de esta enfermedad aún es desconocida -pues los estudios de tipo comunitario son poco fiables y se basan en la notificación espontanea-, se especula con que cerca de la mitad de la población las puede llegar a padecer en algún momento de sus vidas, y hasta un 35% puede ser de forma aguda. Si bien es una enfermedad que normalmente no presenta complicaciones graves ni mortalidad, produce constantes molestias que no suelen atajarse de raíz debido al pudor del paciente por acudir al médico, lo que le acaba llevando a una deficiente automedicación.

Las hemorroides consisten en una dilatación de las venas localizadas en el canal anal, una compleja red de vasos sanguíneos ampliamente unidos entre si. El plexo hemorroidal interno forma una especie de "almohadillas" que actúan como válvulas de cierre del canal anal, facilitando la continencia de gases y líquidos cuando se está en reposo. No obstante, el sistema de drenaje de ésta zona carece de válvulas, por lo que cualquier exceso de presión constante en el interior de las venas hemorroidales predispone a la enfermedad.
Las hemorroides pueden manifestarse de formas distintas: pueden ser internas o externas, grandes e indoloras o pequeñas pero terriblemente dolorosas, etc.

Factores de riesgo
Los factores que las causan son, a la vez, muy variados:
Sobreesfuerzos abdominales que resienten el estado de las venas, como dar a luz (las hemorroides producidas suelen desaparecer tras el parto aunque pueden empeorar de forma progresiva con embarazos posteriores) y el estreñimiento (debido a un escaso consumo de fibra en la dieta, las heces secas provocan una evacuación forzada). Se estima que el 90% de los casos de hemorroides se deben a esta forma irregular de defecar.
Características inherentes al individuo, como la herencia genética y la edad avanzada (los tejidos de sostén de los plexos se debilitan con el paso de los años).
Procesos que conllevan una dificultad en el retorno venoso de la zona pélvica, como el embarazo, deportes como el ciclismo y la equitación, profesiones que obligan a estar la mayor parte del tiempo sentado, malos hábitos a la hora de defecar, como permanecer mucho tiempo en la taza, la obesidad y la vida sedentaria en general.
Profesiones en las que se permanece muchas horas de pie o cargando peso.
La irritación provocada por estados diarreicos.
El consumo de alcohol, grasas, especias y picantes, y de algunos medicamentos.

Acelerar el diagnóstico
Es fundamental recurrir al médico lo antes posible y no dejarse vencer por la vergüenza, para establecer rápidamente un diagnostico, una puesta en marcha del tratamiento necesario y descartar la presencia de enfermedades más serias.
Se debe ser prudente a la hora del diagnóstico, pues existen otras patologías (la enfermedad de Crohn, quistes sebáceos y lipomas) que presentan síntomas similares. Se realiza una inspección visual de la zona afectada, palpación del recto y una proctoscopía (inserción de un pequeño aparato para visualizar el canal anal). En caso de sangrado rectal originado por hemorroides internas, se recomienda practicar una recto-sigmoidoscopia, para asegurarse de que no existen otras afecciones, como tumores del colon. Como complemento, se deben llevar a cabo análisis para detectar la posible presencia de anemia.

Del síntoma leve al prolapso
Las hemorroides se clasifican, según su gravedad, en varios grados:
Grado 1. Se observa una leve dilatación del tejido hemorroidal, sangrado y picor ocasional, y no existe sensación de masa anal.
Grado 2. Hay un aumento del tamaño de las hemorroides por encima del esfínter que produce sangrado picor, ardor, y molestias defecatorias.
Grado 3. Las hemorroides descienden por debajo del esfínter, haciéndose necesario empujarlas manualmente para devolverlas a su posición. El paciente tiene sensación de masa anal tras la defecación.
Grado 4. Grado máximo, que se alcanza cuando las hemorroides permanecen fuera del esfínter durante la mayor parte del día. Sangran frecuentemente, dan sensación de cuerpo extraño y secreción anal permanente.
La enfermedad evoluciona escalonadamente a través de esos grados pudiendo alternar periodos asintomáticos con otros de “ataque hemorroidal agudo”. Los casos más graves, en los que se hace más claramente necesaria la cirugía, se dan con dolorosos prolapsos que, acompañados de un gran edema, no se pueden reducir; y en ciertos casos donde se disemina la infección rectal a todo el cuerpo.
Las hemorroides externas son muy dolorosas. La intensa picazón e irritación anal que siente el paciente no se produce por ellas mismas, sino por la súbita inflamación de la zona anal que lleva aparejada. En ciertos casos se producen complicaciones, como un sangrado rectal abundante que provoca peligro de anemia, o una estrangulación trombótica de las hemorroides manifestado por un color oscuro que puede empeorar formándose finas arrugas en la mucosa, que pierde su lustre y aparece muerta.
En general los síntomas son más severos cuanto más grandes sean las hemorroides y mayor sea el prolapso, aunque hay excepciones. No es extraño que un joven con pequeñas hemorroides sufra gran incomodidad y hemorragia importante, mientras una persona mayor con grandes hemorroides no note síntomas.
Para los pacientes que sufren especialmente a la hora de evacuar, es básico el uso de pomadas desinflamantes.

Mejora en los tratamientos
Hasta ahora la cirugía de las hemorroides ha tenido "mala prensa", con la creencia de que se trata de una operación quirúrgica muy dolorosa, realizada bajo anestesia con hospitalización, con postoperatorio prolongado y con malos resultados a largo plazo, como una pérdida de la función esfinteriana. Hoy en día, sin embargo, se dispone de un abanico de técnicas que se pueden realizar de forma ambulatoria y con un postoperatorio menos molesto y doloroso. Según sean los síntomas del paciente, se estima o no la necesidad de intervenir. Por ejemplo:
Para las hemorroides asintomáticas no es necesario tratamiento. Sólo ha de mantener defecaciones suaves para evitar la aparición del sangrado y el prolapso.
En el caso de las hemorroides postparto no se debe aplicar cirugía alguna hasta comprobar, tras un periodo de tiempo, si persisten o no.
El paciente con hemorroides prolapsadas menos graves puede desplazarlas de nuevo al interior del recto mediante presión suave, usar si es necesario alguna pomada y analgésico y acostarse para reposar las veces que sean necesarias hasta que la inflamación externa desaparezca. Se pueden emplear compresas para mantenerlas en su posición (si se trata de un cuadro agudo, utilizar compresas heladas empapadas en agua). A los prolapsos graves, con hemorroides irreducibles, trombosadas, inflamadas o gangrenadas, se les debe practicar cirugía.
Los mariscos cutáneos (pliegues perianales blandos que a veces se confunden con hemorroides externas, pero al contrario que éstas no se congestionan ni aumentan con los esfuerzos) pocas veces requieren tratamiento. Sólo cuando tienen gran tamaño y dificultan la higiene se procede a una extirpación quirúrgica bajo anestesia local y sedación.
Cada tipo concreto de hemorroides tiene asignado un grado de gravedad, por el cual se somete al paciente a una u otra técnica. Así:
Para los grados I y II: Escleroterapia y Crioterapia.
Grados II y III: Crioterapia y Ligadura.
Grados III y IV: Hemorroidectomía (cirugía) con Láser CO2 o Técnica Longo.

-----------------------------------Qué hacer y qué evitar--------------------------------

Esta puede ser una batería de consejos básicos para prevenir o afrontar las hemorroides:
El paciente debe perder la vergüenza y acudir al médico en cuanto note un sangrado repetitivo en sus heces. En caso de sufrir sangrado habitual, debe someterse a una colonoscopia o al menos a una rectosigmoidoscopia. Si es diagnosticado, ha de ser decidido y constante para solucionar su problema.
No realizar esfuerzos excesivos al defecar y evitar el estreñimiento mediante una dieta rica en fibras (verduras y frutas y, a ser posible con cáscara), productos integrales, salvado, etc., y evitar el consumo de alcohol, grasas y alimentos irritantes. Ingerir bastante agua, unos 2 litros diarios.
Educarse en buenas costumbres de higiene anal, como evitar el rascado de las hemorroides para prevenir infecciones, corregir las diarreas, reducir el tiempo de defecación, y evitar la practica de posponer la defecación.
Utilizar papel higiénico suave o limpieza anal mediante baño con agua tibia, aplicar hielo o compresas frías en la fase aguda del trastorno de hemorroides externas que disminuya la hinchazón, alternando con baños calientes en la zona afectada (dos o tres veces al día) para crear una secuencia frío-calor que alivie el dolor.
Evitar la obesidad y la vida sedentaria realizando ejercicio tres veces por semana durante media hora (caminata, footing, bicicleta, etc).
Si el trabajo obliga a estar demasiado tiempo sentado, pararse cada hora y caminar unos minutos.
No usar ropa muy apretada en el abdomen, o correas o bandas, salvo que su médico se lo indique.
Existen pomadas antiinflamatorias que calman el dolor intenso que pueda producir una hemorroide.

-----------------------El paralelismo variz-hemorroide-----------------------
Al igual que las hemorroides, las várices son uno de los problemas dermatológicos más comunes de nuestra sociedad. Si bien se cree que las primeras llegan a afectar en mayor o menor medida durante algún momento de la vida a cerca de la mitad de la población, las varices están presentes en uno de cada cuatro individuos.
Muchos pacientes se sienten acomplejados estéticamente por estas enfermedades que, además de lo estrictamente visual, pueden provocar otras complicaciones.
Las varices son otro tipo de dilatación de las venas, en este caso de la zona más superficial de las piernas que, al igual que las hemorroides, requieren ser detectadas y tratadas con celeridad pues no ocasionan problemas si son frenadas a tiempo. Pueden provocar serias complicaciones si no se les presta ninguna atención, como episodios extremos de varices que crezcan hasta el punto de provocar continuos sangrados y dolor incapacitante que impida caminar hasta llevar al paciente a una silla de ruedas, o la formación de peligrosísimos trombos que pueden desprenderse y llegar al corazón, una causa de muerte más común de lo que se piensa. La zona anal puede sufrir también fenómenos de trombosis -muy dolorosos y que requieren inmediata cirugía-, con "hemorroides trombosadas" provocadas por un estrangulamiento infligido por el esfínter que crean una falta de irrigación y la generación de un coágulo en su interior.
La lista de causas de la formación de varices comparte muchos puntos en común con la de las hemorroides. El componente hereditario, la obesidad, el sedentarismo, el embarazo, los trabajos donde es necesario permanecer de pie por tiempo prolongado, etc., son un caldo de cultivo de varices que ya le “suenan” al paciente de hemorroides.
El mecanismo es básicamente el mismo. Bajo condiciones que hagan aumentar la presión sobre las venas, no es posible un correcto drenaje de la sangre en su recorrido natural. En el caso de las hemorroides, la falta de comunicación con unas venas de mayor tamaño que se encuentran en el abdomen produce un estancamiento en la zona anal. Lo mismo sucede con las varices, aunque la concentración se localiza en las extremidades inferiores.


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DECÁLOGO CONTRA
LAS VARICES

Si padece varices o tiene riesgo de sufrirlas, recuerde estas normas básicas:

Evite:

Prendas ajustadas, botas altas y zapatos de tacón alto

Bronceado (la vasodilatación agrava insuficiencia venosa); sudoración excesiva y formación de hongos

Ambientes de alta temperatura y focos de calor (baños, saunas, playas de arena caliente, estufas, chimeneas,...)

Sedentarismo

Obesidad



Pruebe con:

Medias de compresión, ropa holgada y calzado anatómico

Mantener la piel muy hidratada y una buena higiene y cuidado del pie

Alimentación saludable, rica en fibra y vitamina E:
Germen de soja
Aceite vegetal virgen
Leguminosas
Cereales completos
Hígado
Arroz sin descascarillar
Frutos verdes.

Gimnasia antiestancamiento; ejercicios para los músculos de la pantorrilla; caminar de media a una hora diaria sobre terreno blando y no abrasador. En la playa, caminar chapoteando para recibir masaje a la vez que se ejercita; Practicar sin excesos deportes como senderismo, footing, bicicleta, esquí de fondo, remo y natación (en agua fría, de 16º a 18º)


Dormir con las piernas elevadas; al estar sentado, procurar que las extremidades conserven cierta movilidad

 



 

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las venas y sus complicaciones

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