![]() |
|
>Noticias |
|
27/04/2004 Un 5% de los pasajeros que realiza un viaje en avión de larga duración puede sufrir el temido Síndrome de la Clase Turista, según se ha puesto de manifiesto en la IV Conferencia Europea de Medicina del Viajero, que acaba de celebrarse en Roma. El especialista aragonés Miguel Ángel Santos Gastón aconseja adoptar precauciones ante la llegada del verano y el mayor uso del avión como medio de transporte. La IV Conferencia de Medicina del Viajero ha aportado datos hasta ahora desconocidos sobre esta enfermedad y el modo en que se origina. Hasta hoy se vinculaba este síndrome a la clase turista, por la poca distancia que hay entre los asientos de esta zona del avión y la dificultad del pasajero para estirar las piernas. Sin embargo, el Estudio BEST (Business versus Economy Class Syndrom as a cause of Thrombosis Study) ha revelado que mucho más importante que la falta de espacio es la falta de movimiento, por lo que esta patología podría darse también en clases como la de Business. Según el doctor Miguel Ángel Santos Gastón, cirujano cardiovascular que ha asistido a la reunión de Roma, los datos de incidencia del síndrome más completos pertenecen a los países anglosajones, que es donde más se ha estudiado la enfermedad. “En la Clínica Cleveland de EEUU, un estudio mostró que de los pacientes que ingresaron en el centro por embolia pulmonar, la mitad habían viajado en avión recientemente”, señala este especialista. El término Síndrome de la clase turista fue acuñado en 1998 para describir la relación entre el viajero y la trombosis venosa asociada a la inmovilidad de los desplazamiento prolongados, en especial si se realizan en avión. El hecho de que las extremidades inferiores permanezcan dobladas e incluso cruzadas durante varias horas puede producir una obstrucción del flujo venoso debido a la presión ejercida por el asiento sobre las venas. Cuando el retorno venoso se vuelve más lento, aumenta el riesgo de formación de coágulos sanguíneos y, por tanto, de que se produzcan cuadros de trombosis venosa profunda o de embolia pulmonar. Aunque esta patología puede producirse en desplazamientos que se realicen en cualquier vehículo de transporte, está estrechamente relacionada con el avión, sobre todo cuando los vuelos son de larga distancia. El ambiente extremadamente seco de la aeronave favorece, de hecho, la deshidratación. Ésta puede verse agravada por el consumo de alcohol, que tiene un efecto diurético, lo que aumenta la viscosidad sanguínea. La toma de sedantes e hipnóticos para conciliar el sueño durante unas horas facilita la inmovilización del viajero y, por tanto, el mantener posiciones inconvenientes para el retorno venoso. Aunque la mayoría de trombos que se producen durante los vuelos de larga distancia desaparecen en cuanto el pasajero se pone de pie y empieza a caminar, en algunos casos el coágulo no se disuelve y viaja hasta la vena cava pasando por la zona derecha del corazón y llegando a los pulmones, donde obstruye las ramas de las arterias pulmonares. En el caso de que el coágulo se fragmente, estos émbolos pueden llegar a obstruir más de un vaso pulmonar, provocando una embolia pulmonar. Documento de consenso médico El doctor Santos Gastón, que preside la Fundación Española para el Estudio y Prevención de Enfermedades de las Venas (FESPREV), es autor del primer documento de consenso elaborado en España para la prevención y tratamiento de esta enfermedad. El documento recoge recomendaciones prácticas para que las personas que van a realizar viajes de más de 3 horas en avión puedan prevenir la aparición de este síndrome. Entre ellas, destaca la necesidad de usar ropa amplia para favorecer la circulación sanguínea, realizar paseos cortos por la cabina cada 1 o 2 horas. Durante la reunión científica celebrada en Roma se ha puesto de manifiesto que existen grupos de riesgo más predispuestos a padecer esta enfermedad, como es el de las personas que hayan sufrido anteriormente una trombosis. Además, el cáncer, las operaciones o traumatismos recientes, las enfermedades cardiovasculares, las varices y los anticonceptivos orales pueden favorecer también la aparición del síndrome. Sin embargo, los especialistas recalcan que esta patología puede producirse también en personas sanas. El caso de tres atletas del equipo olímpico británico que lo sufrieron tras viajar de Londres a Sydney hizo saltar la voz de alarma. “Hay personas que aunque no tengan patologías venosas sí que pueden presentar problemas arteriales. Se puede dar el caso de gente joven, de 35 a 40 años, con pequeñas lesiones en una arteria. Factores como el tabaco o el colesterol pueden provocar una mayor captación de colesterol y dar lugar a un ateroma. Cuando estas personas vuelan, todos estos factores, unidos a la inmovilidad, favorecen la aparición de lesiones arteriales. Es ahí donde puede desatarse el problema”, explica el doctor Santos Gastón. El especialista, que empezó a preocuparse por esta enfermedad después de ver como moría durante un vuelo el piloto de una aeronave debido a un accidente cardiovascular, cree que las personas que van a viajes largos en avión, sobre todo si son de larga duración, deberían estar mejor informadas sobre la forma de prevenir el síndrome. “En FESPREV creemos que desde la agencia de viaje se debería facilitar al cliente consejos útiles al respecto. En países como el Reino Unido, la British Airways ofrece a sus pasajeros una información muy valiosa para que los viajeros prevengan esta patología. En España debería hacerse lo mismo”, afirma. |