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15/06/2005 Hasta que realicé los viajes no había notado ningún síntoma”, explica Antonio Belío, vecino de Panticosa, en el Pirineo aragonés, que en el I simposio sobre “Accidentes cardiovasculares y calidad de vida” se ofreció gustosamente a exponer su experiencia de trombosis, sobrevenida a raíz de dos viajes aéreos de larga duración. >-El primer aviso ocurrió con ocasión de un viaje a Méjico. Noté un fuerte dolor, cada vez más intenso en la pantorrilla, pero lo soporté y no le presté mucha atención. Posteriormente, realizando otros viajes, noté que las molestias iban aumentando hasta hacerse insoportables. Fue entonces cuando me decidí a visitar al doctor Santos. Diagnóstico: trombosis en pierna derecha, que fue operada de inmediato. -Meses más tarde, tras un viaje a Canarias, comencé a experimentar las mismas molestias en la pierna izquierda. Llegó un momento en que no podía andar 50 metros sin tener que pararme. El diagnóstico fue similar. La pierna estaba sin riego. La intervención fue igualmente de urgencia y llegó a tiempo de evitar una posible embolia, que se hubiese producido fácilmente. Corregir hábitos perjudiciales Hoy en día me encuentro perfectamente, cada día ando varios kilómetros y atiendo mis quehaceres sin problema. Pero también sin olvidar que pertenezco a un grupo de alto riesgo. Ello significa que como de todo, pero cuidando no abusar de las grasas y he tenido que corregir algunos hábitos perjudiciales como el tabaco. Me costó mucho esfuerzo dejarlo, pero lo conseguí viendo las orejas al lobo. También controlé el alcohol, del que a veces abusaba más de la cuenta, lo mismo que la comida. -¿Antecedentes familiares? -No en mi caso. -¿Qué consejos ofrecería a la luz de su experiencia? -Que hay que tomar en serio estas cosas y dar al problema la mucha importancia que merece. Hay que adoptar siempre como prevención las medidas que yo tomé tarde, es decir, dejar el tabaco, no abusar de la comida y la bebida, y hacer ejercicio. |