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SIMPOSIO PILOTOS Y AUX. DE VUELO

Volar es riesgo de trombosis
 

I Jornadas Profesionales para Pilotos y Auxiliares de Vuelo: "Accidentes Cardiovasculares y Calidad de Vida"

24/11/2004
Volar es riesgo de trombosis. Esta es una de las conclusiones expuestas en la I Jornada Profesional para Pilotos y Tripulaciones Auxiliares de Vuelo sobre “Accidentes cardiovasculares y calidad de vida”, que ha celebrado la Fundación para el Estudio y Prevención de Enfermedades de las Venas (FespreV) en la Asociación de la Prensa de Madrid, con la colaboración de los sindicatos SEPLA (pilotos) y STAVLA (auxiliares de vuelo) y la Mutua de Accidentes de Zaragoza (MAZ).

El acto fue inaugurado por la Dra. Teresa Robledo de Dios, consejera técnica de la Dirección General de Salud Pública del Ministerio de Sanidad y Consumo, quien recordó que el 35% de las muertes que se producen anualmente en nuestro país son debidas a enfermedades cardiovasculares, entre las que hay que incluir las producidas como consecuencia del transporte aéreo.
“Los problemas vasculares y la muerte por embolia pulmonar derivada de trombosis venosa en vuelos de larga duración son riesgos con numerosa casuística, que no sólo acechan a los viajeros sino al propio personal aéreo”, afirmó en su intervención el cirujano cardiovascular Miguel A. Santos Gastón, presidente de FespreV, destacando la paradoja de que cuando se habla del síndrome de la clase turista, siempre se alude a los pasajeros y se olvida a las tripulaciones, que son principal grupo de riesgo de este síndrome por el largo tiempo que pasan en cabina y las condiciones de trabajo cada vez más severas, a causa de las drásticas políticas de ahorro de las compañías aéreas.
Por otra parte, buscando minimizar la trascendencia del problema, las compañías aéreas destacan el escaso numero de episodios cardiovasculares con resultado de muerte en avión o aeropuerto, en relación con el volumen total de pasajeros, pero silencian el significativo número de casos de formación de trombosis en vuelo, que según algunos estudios se sitúa entre el 3-5% en los pasajeros estudiados, que no adoptaron ningún método de prevención de los aconsejados actualmente. “Sabemos –recordó el Dr. Santos Gastón- que muchas de las trombosis (60% de los casos) son silentes, es decir, no presentan síntomas clínicos, por lo que no es extraño que el paciente haga su vida normal y al cabo de 15 días sufra una embolia pulmonar.”

La punta del iceberg y la realidad
El hematólogo Dr. Francesc Casals Solé (Hospital Clínic de Barcelona), miembro del comité científico de FespreV, destacó el importante papel que, según estudios clínicos, juega la brusca variación de la presión atmosférica en este síndrome.
Según el Dr. Casals, la incidencia global de la formación de trombosis, con independencia del riesgo de cada pasajero, es del 3 por 100, de acuerdo con los datos confirmados por un amplio estudio alemán realizado con eco-doppler, comparando un grupo de 900 pasajeros con otro similar de personas que no habían viajado. “Está demostrada fehacientemente la relación causa-efecto y se puede afirmar científicamente que volar es riesgo de trombosis”, afirmó el Dr. Casals.
Como es sabido, el riesgo de trombosis se concreta en la formación de un coágulo en el interior de una vena de la pierna, concretamente de la pantorrilla. Tal coágulo o trombo puede fragmentarse, emigrar por el sistema circulatorio a través de las venas femoral, ilíaca y cava inferior, y llegar a las cavidades cardiacas y a la arteria pulmonar, hasta provocar embolismo pulmonar con grave riesgo de muerte.

Necesidad de prevenir
Recordando una vez más los “mandamientos” de FespreV los ponentes reiteraron que la persona que va a tomar un avión debe evaluar sus riesgos y adoptar las adecuadas medidas preventivas: si el riesgo es alto, debe acudir a su médico para que le prescriba heparina; si el riesgo es moderado o bajo (obesidad, varices...) deberá colocarse medias de compresión.
Dado que la trombosis puede y suele aparecer días o incluso semanas después de concluido el vuelo, es importante que la persona que note dolor persistente o piernas hinchadas tras bajar del avión, acuda a su médico para prevenir la posible existencia de un proceso trombótico.
“En el botiquín del avión nunca debe faltar la heparina”, recordó el Dr. Santos a los asistentes a las jornadas. La heparina junto con las medias de compresión son las herramientas básicas de prevención, además de las medidas de ejercicio físico y los hábitos saludables establecidos en el decálogo de FespreV.
El simposio para pilotos y auxiliares de vuelo se centró asimismo en determinados aspectos de calidad de vida que se ven afectados por el peculiar trabajo de estos colectivos, como son los posibles cambios en el sistema inmune, el envejecimiento relacionado con el “jet-lag” o desfase horario y las microvarices, un auténtico azote del que habitualmente se lamentan las azafatas. En la exposición de estos problemas intervino la doctora Mónica S. Orus, especialista en Medicina Estética.

Calidad de vida en vuelo
En la sesión de tarde tuvo lugar una mesa redonda, presidida por Andoni Nieto, presidente del SEPLA, y Adela Romero, vocal de STAVLA,. Se discutieron cuestiones candentes que hoy preocupan cada vez más a los pilotos y auxiliares de vuelo, como son los efectos de las radiaciones cósmicas sobre el organismo, con aumento del riesgo de infertilidad y anomalías cromosómicas en la descendencia, el deterioro de la ergonomía en vuelo, la ausencia de normativa de profilaxis para el personal que vuela a países con riesgo de enfermedades tropicales o endógenas, y otras carencias en aspectos de medicina y salud a bordo.
“Nuestros exámenes médicos –señaló el presidente del SEPLA- no están orientados a favor de nuestra salud, sino a controlar que cumplamos los criterios establecidos para mantener la licencia de vuelo. Se supone, por otra parte, que los pilotos debemos ser una especie de supermanes que no podemos permitirnos tener problemas de salud. Por ello todos los trastornos médicos de las tripulaciones se viven en silencio.”
Se denunció que las compañías aéreas, persiguiendo el ahorro y la rentabilidad a toda costa, explotan cada vez más la actividad de las tripulaciones recortando su descanso hasta extremos insoportables. “Sin necesidad de acudir a ejemplos como el del YAK-42, hay muchas compañías que están haciendo auténticas barbaridades”, denunció Andoni Nieto.
Recapitulando lo discutido en la mesa redonda, la jefa de Comunicación de SEPLA, Carmen Thous, destacó el interés de realizar estudios independientes que concreten el perfil del trabajo en vuelo y el diseño de un mapa de actividades para analizar los riesgos y establecer protocolos para prevenirlos.

10 consejos básicos de FespreV para prevenir el Síndrome de la Clase Turista
1. Si tiene que realizar un viaje de larga duración, procure escoger asientos situados en el pasillo, ya que permiten mayor libertad de movimientos.
2. No coloque equipaje debajo del asiento delantero, pues disminuirá el espacio y la capacidad de movimiento de sus piernas.
3. Si está dentro del grupo de personas con alto riesgo de trombosis, utilice medias o calcetines de compresión durante el vuelo para ayudar a que las venas dilatadas recuperen su forma original.
4. Si quiere dormir durante el vuelo, hágalo con las piernas estiradas y relajadas. 5. Evite la ropa ajustada, ya que impide la adecuada circulación sanguínea.
6. La baja presión atmosférica en cabina hace que el cuerpo pierda fluido corporal y que la sangre se vuelva más espesa, con el consiguiente riesgo de trombosis. Para evitarlo, se recomienda beber abundante agua, no tomar alcohol antes y después del vuelo, ni bebidas gaseosas o que contengan cafeína.
7. No se siente con las piernas cruzadas, ya que impide el buen riego sanguíneo.
8. Realice paseos cortos por la cabina cada 1 o 2 horas. Haga ejercicios de contracción y estiramiento de la musculatura de la pantorrilla (elevando los dedos del pie, como para andar con talones y, al revés, elevando los talones como para andar de puntillas).
9. Si tiene factores de riesgo (ha sido sometido a alguna operación de cirugía mayor, ha sufrido traumatismo reciente de las extremidades inferiores, con historia previa de trombosis o predisposición familiar a sufrirla, o tiene problemas de circulación venosa) consulte a su médico antes de efectuar un viaje de largo recorrido.
10. Por su actividad como antiagregante plaquetario, la heparina es un agente importante en la prevención de trombosis. Por ello, es aconsejable para grupos de riesgo administrarse heparina antes y después del vuelo.
No olvide que estos consejos deben aplicarse también para el vuelo de regreso

Documento de consenso sobre el Síndrome de la Clase Turista
El 3 de julio de 2003 la Fundación para el Estudio y Prevención de Enfermedades de las Venas (FespreV) presentó a la opinión pública el Documento de consenso español sobre el síndrome de la clase turista, con el objeto de unificar criterios acerca de las medidas de prevención a adoptar para prevenir posibles complicaciones en los vuelos de larga duración. Pero no sólo en estos casos, porque el Documento aludido forma parte de una declaración más amplia, elaborada por FespreV, bajo el epígrafe “Documento sobre Accidentes Vasculares del Tiempo Libre”, donde se establecen pautas de prevención en el amplio contexto de situaciones que abarca el concepto de “tiempo libre”: viajes aéreos, transporte en general, turismo, deporte, ocio y sedentarismo.
Las medidas preventivas que se aconsejan en el Documento español de consenso son tan sencillas como eficaces, e incluyen ligeros ejercicios con pies y piernas durante el vuelo, ingesta abundante de líquidos salvo alcohol, usar calcetines o medias de compresión y la administración de heparina antes y después del vuelo. Asimismo, las personas diagnosticas de trastornos vasculares o con historia previa de trombosis deben consultar a su médico para recibir heparina de bajo peso molecular a dosis profilácticas.
Pero, como ya se ha señalado, el problema de la formación de trombosis no es exclusivo de los vuelos aéreos, pese a las condiciones propicias para ello que concurren en tales desplazamientos. Aparte de los riesgos laborales de muchos oficios y tareas, determinadas actividades de tiempo libre, incluidos algunos deportes, son asimismo terreno abonado para los problemas vasculares. Personas que llevan una vida sedentaria y no realizan ningún ejercicio están del mismo modo expuestas a la complicaciones cardiovasculares. Tal es el caso de quienes permanecen muchas horas sentados sin actividad en los grupos musculares de la pantorrilla, como ocurre con los jubilados que matan el tiempo en juegos de mesa en el bar o pasan horas y horas viendo la tele en el salón de una residencia de tercera edad. Otra circunstancia de riesgo, que especialmente amenaza a los mayores, es el viaje prolongado en autocar con motivo de vacaciones o viajes programados, en que con frecuencia no bajan a mover las piernas hasta el destino.
Como ha señalado reiteradamente el presidente de FespreV, en el fondo de todo este problema subyace el hecho de que la vena sigue siendo en España “una desconocida”, básicamente por la falta de atención de que adolece desde los medios sanitarios y desde la Administración.
Tampoco en el marco laboral existe el menor interés entre los agentes sociales por implantar medidas de prevención para las personas genéticamente predispuestas. Ejemplo elocuente es la ausencia total de las enfermedades venosas en el extenso listado de enfermedades profesionales descritas en el artículo 116 de la Ley General de la Seguridad Social y Real Decreto 2821/81 de 27 de noviembre. La patología venosa no existe en el mundo laboral español. “Al parecer, el hecho de permanecer de pie durante horas en una cadena de montaje, un supermercado, una peluquería, una barra de bar..., soportar continuamente calor ambiental directo sobre las piernas (panificadoras, hornos de fundición, tintorerías...) o someter las piernas a otros diversos castigos a lo largo de ocho o diez horas son actividades inocentes que nada tienen que ver con los trastornos vasculares que aparecerán inevitablemente” ironiza el Dr. Santos Gastón. “Menos aún los problemas de salud emergentes desde el “boom” de las nuevas tecnología. Por eso, la variada relación de trastornos y complicaciones severas, desde varices a trombosis pasando por úlceras y secuelas postflebíticas, no se contemplan como enfermedad laboral ni mucho menos como causa de incapacidad derivada de la actividad profesional. ¿Hasta cuando?”.

Dramática estadística
La consecuencia dramática de toda esta realidad está en los datos que ofrece la estadística: el 25% de la población padece de varices; en España, concretamente, seis millones de mujeres y tres millones de hombres. Además, el viejo tópico que inclina a considerar la variz como dolencia femenina o cuestión estética, da pie a que el hombre acuda al médico cuando ya los trastornos varicosos le resultan insoportables, es decir, en situaciones extremas, con cuadros avanzados de úlceras y trombosis.
Esta consideración de la variz como patología “menor” propicia asimismo en el terreno de la flebología la presencia de numerosos intrusos y oportunistas que operan de manera negligente, sin la elemental preparación ni garantía.

 
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