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01/04/2004 Por las peculiaridades y factores que concurren en su caso, el profesor Manuel Bueno podría ser presentado como la primera víctima documentada del “síndrome del ordenador” referido a los accidentes vasculares. Así lo considera el Dr. Miguel A. Santos Gastón, que le operó hace un año tras un grave episodio de trombosis venosa profunda. El profesor Manuel Bueno Sánchez, una de las personalidades más respetadas de la Pediatría española, es en la actualidad catedrático emérito de Pediatría en la Universidad de Zaragoza tras su jubilación el pasado año. Nació en Jaén en 1933, pero la mayor parte de su vida ha transcurrido en la capital maña, adonde se trasladó en 1976 después de haber estudiado Medicina en Granada, realizado sus prácticas en Basauri y ejercido como jefe de Departamento de Pediatría de la Universidad de Navarra y como catedrático por oposición en la Universidad de La Laguna. En Zaragoza se ha venido dedicando a la enseñanza de la Pediatría hasta ahora. Ha sido decano de la Facultad de Medicina durante tres legislaturas, ha desempeñado la jefatura del Departamento de Pediatría y la del Servicio de Pediatría del Hospital Clínico Universitario “Lozano Blesa”... -...”Y aparte de todo eso, y no menos importante, soy padre de seis hijos, los seis médicos, y abuelo de doce nietos –subraya el profesor Bueno, que a todo lo largo de la charla hace gala de su proverbial sentido del humor y su actitud optimista ante la vida. En casa del herrero... -¿Cómo un profesional médico de su experiencia pudo dejarse sorprender por un accidente de trombosis venosa profunda que ya le venía avisando? -Sencillamente por mi mala cabeza... -Dicho de otro modo, ¿por aquello de “en casa del herrero...”? -Más o menos. Pertenezco a una familia donde debe de existir una debilidad congénita para que tanto varones como mujeres presentemos varices. Creo recordar que empecé a notarlas desde mi época de estudiante de Medicina. Al principio uno las considera nada más que un problema estético y no les hace caso. Hasta que más tarde ocurre lo que ocurre. Mis amigos médicos, concretamente el profesor Calatayud, cuando me veían las piernas con motivo de una partida de tenis o de golf, me repetían que era candidato a una intervención quirúrgica. Pero hasta que no surgió el accidente de trombosis venosa profunda, no me asusté y decidí poner remedio. Tuve la fortuna de caer en manos del Dr. Santos, que resolvió el problema. -Sin embargo, usted venía padeciendo desde tiempo atrás los síntomas clásicos... -Así es. Mis varicosidades eran muy abultadas, bilaterales y, sobre todo en la temporada de calor, notaba cansancio, molestias... Pero ocurre que algunos médicos, como es mi caso, somos muy malos pacientes. Soy miedoso y el quirófano me impresiona, lo mismo que la anestesia general. Por eso hasta que no tomas conciencia de que las varices son bastante más que un problema estético, no te decides a eliminarlas. En este momento tengo la experiencia y la autoridad moral para instar a que nadie imite mi imprevisión. Síndrome del ordenador y algo más -¿Por qué entiende el Dr. Santos que el caso de usted podría ser paradigma de síndrome del ordenador? -En mi persona concurrían factores de riesgo típicos a los que se unía desde hace varios años la prolongada permanencia diaria frente al ordenador a últimas horas del día. Además de las varices, que ya delatan una anomalía venosa, viajar con mucha frecuencia en avión y pasar muchas horas sentado en la Universidad, en tribunales académicos y, para rematar la jornada, como digo, escribiendo frente a la pantalla con las piernas comprimidas, en postura inadecuada. Además, hacía algún tiempo que había abandonado la práctica del deporte, es decir, había caído en un sedentarismo extremo. -¿Cuál fue el detonante que le llevó al quirófano? -Como consecuencia de todo lo anterior, desarrollé algunos episodios trombóticos en la pierna derecha con dolor y tumefacción, que inicialmente fueron superficiales, pero después alcanzaron las zonas profundas. Por fortuna, permanecieron en la extremidad y no se produjo ninguna rotura que habría conducido un fragmento hacia el pulmón. Lo cual me permite estar charlando con usted. A raíz de esta crisis que hablaba con elocuencia acerca de un serio problema, comencé a tratarme con heparina y por mediación del Dr. Calatayud me puse en contacto con el Dr. Santos. Las pruebas de eco-doppler mostraron la existencia de un trombo profundo más preocupante. Seguí tratándome con heparina y cuando en enero estuve preparado para la operación, entré en el quirófano y me intervinieron las dos piernas, con extirpación de ambas safenas externas y a continuación escleroterapia por espuma y microcirugía. Esa misma noche ya dormí en mi casa. -¿Cómo se encuentra ahora? -Perfectamente. Seguí algún tiempo con heparina y pasando revisiones periódicas y en el momento actual ya he dejado el anticoagulante y sólo acudo a la consulta del Dr. Santos para correcciones mínimas de microcirugía. Por lo demás, han desaparecido mis problemas venosos y mis piernas tienen el aspecto saludable que no recuerdo desde hace muchos años. “He tomado nota” -¿Ha servido el percance para modificar sus hábitos? -Desde luego que sí. Cuando tengo que realizar un viaje largo en avión, me inyecto heparina con criterio preventivo durante tres o cuatro días antes y otros tantos al regreso; viajo menos en mi automóvil, procuro pasear y moverme, cuando trabajo en el ordenador hago paréntesis cada media hora para andar un poco aunque sea por dentro de casa, llevo medias de compresión... En fin, puedo decir que he tomado nota. -Pasando a un tema al margen de su caso personal, ¿recuerda usted, de sus largos años practicando y enseñando la Pediatría, haber observado algún caso excepcional de varices en niños? -Sí. Naturalmente se trata de casos de malformaciones congénitas y flebectasias muy características, ya que el trastorno venoso adquirido no se da en edades tempranas. El auge de la medicina y cirugía vascular -¿Cuál es su visión sobre el momento actual del diagnóstico y tratamiento de los trastornos vasculares? -Los progresos en la medicina y cirugía vascular han sido muy notables. Este tipo de cirugía es una alta especialidad que no debe ser practicada por aficionados. Por eso entiendo que los pacientes deben ponerse siempre en manos de profesionales fiables, con cualificación y experiencia, y capaces de superar cualquier riesgo o complicación con calidad y eficacia. Los avances han sido paralelos en el terreno del diagnóstico, sobre todo en las técnicas de imagen. El eco-doppler y el dúplex ofrecen una definición de impresionante calidad y exactitud, que permite abordar el acto quirúrgico con certeza y precisión. Por otra parte, en lo que a medicina se refiere, hay que resaltar el extraordinario papel de las heparinas de bajo peso molecular, que han permitido reducir los controles de laboratorio al mínimo, y ofrecen protección máxima y una gran seguridad a cambio de la pequeña molestia, perfectamente asumible, de la inyección subcutánea. -Entre tanto, la educación para la prevención vascular/venosa sigue brillando por su ausencia y, como repite sin descanso el Dr. Santos Gastón, la vena sigue siendo “esa desconocida”... ¿Está de acuerdo? -No sólo estoy de acuerdo con él, sino que puedo ilustrar con mi propia actitud el tópico todavía vigente sobre las varices. Cuando por primera vez entré en su consulta, quise gastar una broma y le dije “doctor, vengo a consultarle por una enfermedad de mujeres: tengo varices”. Me contestó “no tiene usted ni idea; esto es también cosa de hombres, que se descuidan como usted y al final llegan en este estado por su mala cabeza”. Para que no me quedase ninguna duda, me regaló su último libro, “Varices en el hombre”. La Recomendación del Experto: Fomentar la actividad Física y evitar el sedentarismo desde la infancia “La línea de investigación de mi de departamento, que yo he propiciado en los últimos años –subraya el profesor Bueno-, es la de nutrición en edad infantil y nutrición para la salud. Desde este enfoque, uno de los problemas que abordamos es el de la obesidad, como epidemia emergente en edad pediátrica. La responsabilidad de los pediatras es evitar que el 70-75% de los niños obesos lleguen a ser adultos obesos, según las estimaciones. Desde este enfoque, mi primera recomendación es que tenemos que modificar radicalmente el estilo de vida de las sociedades opulentas, como la nuestra. Debemos nutrirnos bien, pero de manera saludable. Y a ello hay que añadir unos hábitos saludables desde la infancia, básicamente: desarrollar una actividad física normal y evitar el sedentarismo (terreno abonado para la obesidad, la hipertensión, la dislipidemia, las varices...). En este sentido hay que estar alerta frente al abuso del televisor, el video-juego y demás pasatiempos estáticos, que además invitan al golosineo, las bebidas azucaradas, las hamburguesas de tres o cuatro pisos..., todo eso que conforma hábitos nefastos para la vida adulta.” |